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Palabras en la arena
Dejemos vivo para siempre a ese inocente niño. Porque garabatea incesantemente palabras en la arena. Y no sabe si sabe o si no sabe. .....................................................Gastón Baquero.
Soy el niño frente al mar escribiendo sus palabras.
Imaginé abracadabras para hacerles convocar.
Jardín de la noche impar trastocándose en ceniza.
Dios convive con la prisa del alboroto en la espuma.
Yo soy también resta y suma. También mi soplo eterniza.
Madre, qué bálsamo tuyo me aliviará el corazón.
Lluvia, espina, cerrazón, escapan en el murmullo.
Dictándoles me destruyo dulcemente: Carne oscura.
Es el tiempo de hervidura. Es el tiempo. Nada más.
Tú la playa soñarás como quien sueña escritura.
Rosa, dame mansos ojos para no ser otro ciego.
Crúzame en el limpio fuego de tus azules y rojos.
Sálvame estos labios flojos ante el rumor desafiante.
Vuélveme aquel caminante que detuvo la belleza.
Me abochorna la tibieza de nombrarte a cada instante.
Estrella, vil parto al borde mismo de la oscuridad.
Marcaste como heredad un lejanísimo acorde.
Puede que el invierno borde con entrampamientos de hilo.
Puede que en ti encuentre asilo el rastro de la inocencia.
Puede que con inclemencia nos mate tu amargo filo.
Dios, ¿ves las heridas vetas que voy tímido dejando?
¿Entiendes el trazo blando y sus fugas más secretas?
¿Como ese mar interpretas a mis palabras sin dueño?
¿Soy demasiado pequeño, demasiado frágil soy?
¿En tu dulzura no estoy? ¿Quién es culpable del sueño?
Árbol, buscaba el venablo que hiciera la sombra mía.
Deliraba, presentía (Diálogo de luz entablo).
A la intemperie el retablo: Tanto mar y una ventana.
Me hería la filigrana: árbol, muro, noche, ciervo.
Se despertaba en mí el verbo con su majestad insana.
Pájaro, ofrece inquietud, el blanco estruendo del trino.
Bórrame tanto camino. Desmándame la virtud.
Muéstrame la finitud de la música que igualas.
Alza las dulces escalas como el más dulce sustento.
Escápate ya en el viento, y no te lleves mis alas.
Mar, abandono a la orilla inocente a cuanto he escrito.
Mar del silencio y del grito devorándome la arcilla.
Te enfureces y me humilla el esplendor de tu infancia.
Recalas en mi pecho. Ansia de compartir el azoro.
Y saqueas mi tesoro hilando cuánta distancia.
Soy el niño que olvidé. Su soledad me conmueve.
Soy la quemadura, leve sonido de lo que fue.
Me he empecinado en la fe de hacer la nada latir.
Sólo me puse a parir las palabras en la arena.
Pero alguna voz ordena: “Vuelve a dormir. A dormir”
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